Pólipos, quistes, miomas y fertilidad

Al igual que comentábamos en el post sobre ‘Tipos de útero y malformaciones uterinas y su impacto sobre la capacidad reproductiva, los pólipos, quistes y miomas, también pueden, en ocasiones, disminuir la fertilidad y dificultar que los embarazos lleguen a término.

¿Qué son y cómo pueden afectar a la fertilidad?

Los pólipos endometriales se presentan en el 10% de las mujeres. Son crecimientos de la mucosa del útero cuya forma recuerda a la de una verruga. Se presentan en mujeres con baja fertilidad, por lo que hay evidencia que sugiere que pueden tener un efecto negativo sobre la capacidad de fecundación y/o de llevar un embarazo a término. Se detectan entre el 11-45% de las mujeres sometidas a fecundación in vitro (FIV) y en el 16,7% de las pacientes con fracasos en este tipo de tratamientos. También están presentes en el 47% de las mujeres con endometriosis. Los mecanismos por los que pueden interferir en la fertilidad no se conocen bien, algunos de ellos podrían estar relacionados con la obstrucción al paso del esperma, a la implantación de los embriones, o a la inflamación que pueden producir, lo que podría alterar la capacidad de la membrana de recibir al embrión, dificultando su implantación.

Pólipos endometriales

Los quistes ováricos son más frecuentes en la edad fértil, aunque también se observan después de la menopausia. Los quistes son formaciones que albergan en su interior una cavidad hueca que puede estar llena de líquido. La mayoría son benignos, aunque en ocasiones, pueden presentar células malignas. Los más frecuentes son los quistes fisiológicos. Los quistes funcionales como los quistes foliculares y los quistes de cuerpo lúteo son comunes en mujeres premenopáusicas. Algunos quistes son patológicos e incluyen endometriosis, quistes dermoides y ovarios poliquísticos. La relación entre los quistes ováricos y la infertilidad es un tema a debate, principalmente porque es difícil determinar el impacto real del quiste y su tratamiento, en la fertilidad posterior. Durante mucho tiempo se creyó que los tratamientos quirúrgicos prevenían posibles complicaciones, pero se ha demostrado que a menudo son más dañinos que el quiste en sí mismo.

Quistes ováricos

 Los miomas uterinos, también llamados leiomiomas o fibromas, son tumores benignos que crecen entre las células del útero, generalmente de forma redondeada. Se encuentran en el 40-60% de las mujeres con 35 años, aumentando los porcentajes con la edad. Están presentes en el 5-10% de las mujeres infértiles, y se detectan en el 12% de los embarazos. Con respecto su efecto sobre la fertilidad, la evidencia actual indica que los miomas submucosos (por debajo de la mucosa) y/o miomas grandes tienen un efecto negativo sobre la concepción y el embarazo temprano, provocando un mayor riesgo de aborto espontáneo, mala presentación fetal, placenta previa, parto prematuro, desprendimiento de placenta, hemorragia postparto y cesárea. Se ha demostrado que el inicio de la menstruación a temprana edad, no haber tenido embarazos, el consumo de café o alcohol, la obesidad y la presión arterial alta, aumentan el riesgo de desarrollar miomas uterinos.

Miomas uterinos

Síntomas

La mayoría de los pólipos, quistes y miomas, son asintomáticos y se suelen encontrar accidentalmente durante ecografías realizadas por otros motivos.

Los síntomas más comunes son el aumento de sangrado y dolor durante la menstruación.

En el caso de los miomas uterinos la presión que estos pueden ejercer en los órganos adyacentes, puede provocar otros síntomas como incontinencia, estreñimiento.

En las mujeres embarazadas con miomas, el dolor es el síntoma más frecuente, no tanto por el crecimiento del mioma, sino por la liberación de unas sustancias llamadas prostaglandinas.

¿Cómo se diagnostican?

Los pólipos endometriales frecuentemente se diagnostican de forma fortuita, es decir, que se detectan durante una exploración ginecológica de rutina. Se pueden diagnosticar mediante ecografía transvaginal bidimensional o tridimensional en la fase proliferativa temprana del ciclo menstrual, y por ecografía con infusión salina o la histeroscopia.

Los quistes ováricos se suelen diagnosticar durante las ecografías que se realizan de rutina durante el embarazo.

Los miomas uterinos se pueden diagnosticar mediante Doppler color, o por ecografía en escala de grises convencional.

¿Pueden tratarse?

Antes de la estimulación para la fertilización in vitro o un ciclo de transferencia de embriones congelados, los médicos suelen recomendar la extirpación de los pólipos endometriales mediante histeroscopia. Sin embargo, actualmente no está claro que esta recomendación sea siempre adecuada para todos los casos. En el 27% de los casos, los pólipos endometriales pueden desaparecer espontáneamente. En el caso de que sea necesaria su extirpación, la histeroscopia sigue siendo la técnica de elección ya que permite el diagnóstico y extirpación simultáneamente.

La técnica laparoscópica es una herramienta terapéutica muy útil para el tratamiento de los quistes ováricos. No obstante, en muchos casos, un tratamiento conservador (no tocar el quiste) y el seguimiento mediante ecografía, son suficientes para la mayoría de los casos de quistes ováricos durante el embarazo.

El tratamiento quirúrgico de los miomas uterinos da como resultado un “útero cicatrizado”, lo que se ha asociado con una mayor probabilidad de rotura uterina durante el embarazo posterior al tratamiento. Es por lo que después de eliminar un mioma se recomienda esperar al menos 6 meses e incluso hasta un año para dejar que el tejido esté bien cicatrizado, antes de volver a plantear un nuevo embarazo. En algunos casos de grandes miomas submucosos, se utiliza una medicación con agonistas de GnRH antes de la cirugía para reducir su tamaño.